Reserva una cita

Las 3 inversiones que transforman tu vida: ¿Por qué nos cuesta tanto elegirnos?

Una persona haciendo cuenta con calculadora y computadoras

¿Alguna vez te has detenido a revisar tu estado de cuenta o tus gastos mensuales? Seguramente encontrarás pagos del supermercado, la colegiatura de los niños, quizás algún regalo para tu pareja, cosas para la casa, o esa salida con amigas. Somos expertas administradoras cuando se trata de cuidar y proveer para los demás.
Pero, si te pregunto: ¿Cuánto invertiste este mes en tu salud mental, en tu aprendizaje o en tu cuerpo? Probablemente, la respuesta sea un silencio incómodo o una excusa: "Es que es muy caro", "no tengo tiempo", "ahora no es el momento".
Vivimos bajo la falsa creencia de que invertir en nosotras mismas es un lujo, o peor aún, un acto de egoísmo. Nos han enseñado a ser las "dadoras" eternas, las que sostienen la estructura familiar, las que están para todos... pero que al final del día, se quedan sin nada para ellas mismas.
Hoy quiero hablarte de la inversión más rentable, segura y necesaria que existe: TÚ.

La lección de los 30,000 pies de altura

Hay una frase que escuchamos cada vez que nos subimos a un avión y que, para mí, es una de las lecciones de vida y terapia más profundas que existen:
"En caso de despresurización de la cabina, caerán máscaras de oxígeno. Póngase primero la máscara usted, y luego ayude a los demás".
Piénsalo un segundo. El instinto maternal o de cuidado nos grita que primero ayudemos al niño, a la pareja o al abuelo. Pero la lógica de supervivencia es implacable: Si tú te desmayas por falta de oxígeno, no le sirves a nadie. Te conviertes en una carga en lugar de una ayuda.
En la vida real pasa exactamente lo mismo. Si tú estás emocionalmente agotada, llena de rencor, con ansiedad o descuidada físicamente, ¿qué calidad de amor puedes dar? Damos lo que tenemos. Y si por dentro estás vacía, terminarás entregando frustración y reclamos.

Las 3 inversiones que cambian tu vida

Invertir en ti no es vanidad. Es llenar tu tanque de oxígeno para poder volar. Y hay tres áreas donde esa inversión es innegociable:


1. Invertir en tu mente (Aprender): El conocimiento es poder, pero el autoconocimiento es libertad. Leer un libro, tomar un curso, aprender una habilidad nueva. Cuando tu mente se expande, tus problemas se hacen más pequeños porque tienes más herramientas para resolverlos. Una mujer que aprende es una mujer que deja de depender.


2. Invertir en tu alma (Terapia): Ir a terapia no es "de locos", es de valientes. Es pagar por un espacio seguro para limpiar tu casa interna. Es invertir en entender por qué repites patrones, por qué eliges lo que eliges y cómo sanar tus heridas. La terapia es la mejor inversión financiera porque te ahorra años de malas decisiones y relaciones tóxicas.


3. Invertir en tu cuerpo (Ejercicio y Salud): Tu cuerpo es el vehículo que te permite experimentar la vida. Moverte, comer bien o descansar no es solo "estética". Es decirle a tu inconsciente: "Me respeto lo suficiente como para cuidarme".

Deja de dejarte para después

Mujer, escúchame bien: Tú eres tu mayor activo. Las parejas pueden irse, los hijos crecen y hacen su vida, los trabajos cambian. Pero la única persona con la que vas a convivir desde tu primer respiro  hasta el último, eres tú. Si tú estás bien, tu entorno se beneficia. Tu paciencia aumenta, tu amor es más sano, tu energía es más limpia. Así que hoy te invito a romper la alcancía de la culpa. Inscríbete en ese curso. Agenda esa cita con el psicólogo. Tómate esa hora para caminar sola.


Ponte tu máscara de oxígeno primero. No solo por ti, sino porque el mundo necesita tu mejor versión, no tu versión agotada. El mejor proyecto en el que puedes trabajar, eres tú.


Raiza.